Ni calefacción ni chimenea: una experta explica los trucos con los que se sobrevivía al frío del invierno en la Edad Media


Uno de los desafíos más importantes en la vida de la Edad Media era el frío del invierno. Por esta razón la historiadora, Nuisia Raridi, brindó una explicación sobre cómo hacían frente a estas olas polares en una época donde no exisitian las estufas ni la ropa adecuada para soportar el frío extremo.
La creatividad humana, incluso en tiempos complicados, fue vital para que los habitantes pudieran enfrentar los fuertes inviernos entre los siglos V y XV.
Según la historiadora, una vivienda medieval promedio era de madera o de piedra, y a pesar de tener ventanas en muchos casos no tenían cristales, ya que el vidrio era un material costoso y estaba reservado para los grandes templos y palacios.
A diferencia de las viviendas actuales, aquellas casas carecían de un buen aislamiento y solo contaban con contraventanas de madera o telas pesadas para resguardarse. Esto, según la especialista “obligaba a elegir entre dejar pasar algo de luz o protegerse del frío“.
La ausencia de chimeneas era el otro factor que empeoraba el frío en los hogares de la Edad Media. En lugar de estas, se encendían hogueras directamente sobre el suelo, y el humo escapaba por simples aberturas en el techo. Esto provocaba que las estancias permanecieran continuamente llenas de humo.
Este sistema no solo resultaba incómodo, sino que también tenía consecuencias negativas para la salud con el paso del tiempo. Las chimeneas similares a las actuales comenzaron a desarrollarse en el siglo XIII, aunque su uso tardó bastante más en extenderse de forma generalizada.
Dado las condiciones adversas, marcadas por el frío invernal, la gente logró desarrollar soluciones ingeniosas para resistir a las temperaturas polares. Durante la noche, el único refugio seguro contra el frío era la cama, los pobladores de la Edad Media se cubrían con múltiples capas de tela para así resguardarse.
Otra de las soluciones en las viviendas medievales era cubrir las paredes con tapices, además de decorar el hogar, creaban una capa aislante, reduciendo el frío y la humedad dentro de la casa.
Para los sectores más humildes, las pieles animales y las telas pesadas eran la principal defensa contra las bajas temperaturas. En un mundo medieval carente de las comodidades actuales, la gente debía recurrir a soluciones prácticas y creativas para soportar el invierno.
Ante la ausencia de medios que hoy damos por sentados, y viéndose abocados a la utilización de mantas, tapices, camas con dosel y fuego, sus habitantes consiguieron resistir los gélidos inviernos, demostrando una capacidad de adaptación y resiliencia en el contexto de una época desafiante
Fuente: www.clarin.com



